Belleza y Peligro del Parque Sierra del Divisor

“Cuando Mauricio Babilonia empezó a perseguirla, como un espectro que sólo ella identificaba en la multitud, comprendió que las mariposas amarillas tenían algo que ver con él. Mauricio Babilonia estaba siempre en el público de los conciertos, en el cine, en la misa mayor, y ella no necesitaba verlo para descubrirlo, porque se lo indicaban las mariposas”. (Gabriel García Márquez, Cien años de soledad)

Las mariposas amarillas si existen. Pero no acompañan solo a Mauricio Babilonia. En realidad siguen a todo el que se adentra en el Ucayali en busca de la Sierra del Divisor. En el Parque Nacional de ese nombre hay más de 300 tipos de mariposas; el mayor número de especies de monos en todo el Perú; numerosas caídas de agua, aguas termales y colpas de guacamayos, de gran belleza y atractivo; constituye el origen de infinidad de pequeñas cuencas que drenan sus aguas hacia el río Ucayali en el Perú y el Yuruá en Brasil. Solo en la Sierra del Divisor habita el “ave del divisorius” (Thamnophilus divisorius), también conocida como hormiguero de Acre, en referencia a la vecina región brasilera donde se le registró por primera vez en 2004. Posteriormente esta ave fue encontrada en el Perú. Tiene una extensión de 1´354,485.10 hectáreas. Una de las entradas más importantes es Nuevo Saposoa.

Pero no todo es belleza. También hay peligros. Cultivadores de coca, madereros ilegales, colonos que invaden tierras ajenas, en fin: varios tipos de depredadores humanos tienen la vista puesta en el Parque. El Fiscal Ambiental José Guzmán, acompañado por Teofilo Magipo, jefe de la comunidad de Nuevo Saposoa, encontró una hectárea deforestada. En lugar de árboles centenarios habían sembrado coca. Las propias tierras de la comunidad han sido invadidas por colonos.

El ingeniero Homer Sandoval le cuenta al equipo de Alianza Arkana que fue al parque acompañando a jóvenes de Santa Clara que han tenido que luchar incluso contra Superman. Curiosamente ese es el nombre de uno de los tantos madereros ilegales.

Por otro lado la situación de la comunidad de Nuevo Saposoa tampoco ayuda a proteger el Parque. La tala ilegal a gran escala la hacen, efectivamente, colonos con una gran capacidad de inversión. Pero también hay la tala ilegal al por menor. Y esta se explica por la falta de dinero de los comuneros. Efectivamente, no hay puestos de trabajo. La solución más lógica sería crearlos. La comunidad está pidiendo, por ejemplo, paneles solares que le permitan tener energía eléctrica. Con eso se potenciaría no solo la vida diaria de los pobladores, que podrían llegar a tener las comodidades propias de la modernidad, sino la capacidad de no limitarse a la pura extracción de materia prima sino someterla a procesos de elaboración. Vender, en vez de troncos, madera sería un despegue económico serio.

La energía eléctrica les permitiría también potenciar industrias no extractivas. El turismo por ejemplo. Siendo la puerta de entrada a la Sierra del Divisor tener un albergue comunal donde lleguen los que necesitan alojarse podría ser interesante. Siempre cuidando que el flujo turístico no afecte la conservación de la cultura shipiba.

En fin, hay mucho trabajo por hacer. Y Alianza Arkana ya los ha comenzado a acompañar.

 

 

 

 

 

 

 

 

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